Si te dieron un diagnóstico, probablemente salió de uno de estos dos libros

Si alguna vez te dieron un diagnóstico, o te pusiste a investigar por tu cuenta a las dos de la mañana (sí, sabemos cómo es), seguro te topaste con dos siglas que aparecen en todos lados: DSM-5-TR y CIE-11. Suenan a modelo de impresora, pero son otra cosa. Son, básicamente, los dos grandes «diccionarios» que usan los profesionales de la salud mental para ponerle nombre a lo que vivimos.

En nuestro sitio las mencionamos mucho, porque de ahí salen los términos que usamos. Así que nos pareció justo explicar qué son, en qué se parecen y por qué a veces dicen cosas un poquito distintas.

Primero, el DSM-5-TR

DSM son las siglas en inglés de Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Lo publica la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, y el «5-TR» quiere decir que es la quinta edición con el texto revisado. La quinta salió en 2013 y la revisión llegó en 2022.

Piensa en él como un manual muy detallado: para cada diagnóstico describe qué características tiene, cuánto tiempo deben durar, qué otras cosas hay que descartar y cómo se ve en distintas edades. Es el que más se usa en investigación y el que probablemente tenga tu psiquiatra en el librero.

La revisión de 2022 no cambió todo, pero sí trajo cosas importantes. Por ejemplo, agregó el duelo prolongado como diagnóstico, cuando la pérdida de alguien sigue doliendo de una forma que no te deja vivir mucho tiempo después. También actualizó el lenguaje en varios apartados para que fuera más respetuoso.

Luego, la CIE-11

La CIE es la Clasificación Internacional de Enfermedades, y la hace la Organización Mundial de la Salud. Aquí hay una diferencia grande: la CIE no es solo de salud mental. Incluye absolutamente todo, desde una gripa hasta una fractura de tobillo. La salud mental es un capítulo más.

La edición 11 entró en vigor en enero de 2022, y una cosa que nos encanta es que se puede consultar gratis en internet. El DSM, en cambio, es un libro que se compra.

Como la usa todo el mundo, la CIE es la que sirve para las estadísticas de salud de los países, los registros de hospitales y muchos trámites. Eso sí, cambiar de sistema toma tiempo, y en muchos lugares todavía conviven la versión anterior (la CIE-10) y la nueva.

¿Entonces cuál es la buena?

Las dos. De verdad. No compiten, se complementan. Con los años se han ido acercando bastante, y en muchos diagnósticos dicen casi lo mismo con palabras diferentes.

Un ejemplo que nos toca de cerca: el autismo. Las dos lo entienden como un espectro, y las dos dejaron de usar «Asperger» como diagnóstico aparte. La CIE-11 además pide especificar si hay o no discapacidad intelectual y cómo es el lenguaje funcional de la persona, lo cual ayuda a describir mejor a quien tienes enfrente en lugar de meter a todos en la misma caja.

También hay diferencias. La CIE-11, por ejemplo, sacó la incongruencia de género del capítulo de trastornos mentales y la movió a otro sobre salud sexual, justamente para dejar de tratarla como un trastorno. Y reconoció el trastorno por videojuegos, algo que el DSM todavía menciona solo como tema que necesita más estudio.

Un dato que nos gusta contar

¿Sabías que el hiperfoco no aparece como criterio en ninguno de los dos manuales? Ni en el de TDAH ni en el de autismo. Y aun así, pregúntale a cualquier persona neurodivergente si lo conoce. Te va a contar de aquella vez que se le fue la tarde entera, sin comer, organizando algo que nadie le pidió.

Eso dice algo importante: los manuales son herramientas valiosísimas, pero no lo cuentan todo. Describen patrones generales. Lo que cada quien vive tiene matices que ningún libro alcanza a capturar.

Lo que no hacen estos manuales (y lo que no hacemos nosotros)

Tener el DSM en PDF no te convierte en psiquiatra, igual que tener un libro de anatomía no te vuelve cirujano. Los criterios están pensados para que alguien con formación los aplique, haga preguntas, observe, descarte otras cosas y entienda tu historia completa.

Por eso, cuando en Cerebro Raro explicamos un síntoma, tomamos estos manuales como referencia para usar los nombres correctos. Pero lo que escribimos es para acompañar y explicar, nunca para diagnosticar. Si leíste algo y sentiste un «ay, soy yo», vale mucho la pena platicarlo con un especialista. A veces ponerle nombre a lo que te pasa es el primer paso para dejar de explicarlo sola o solo.

Y mientras tanto, si te cansa explicarlo, para eso están las playeras.

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